
Javiera Soto: “Vivimos en una sociedad que demanda memoria, no solo en las grandes conmemoraciones, por lo que el rol de la historiografía en este marco no puede ser coyuntural.”
Javiera Soto es Doctora (c) en Historia de la Universidad de Santiago de Chile. Actualmente se desempeña como docente en el Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago de Chile. Sus líneas de estudio son la Historia Internacional y la Historia Política. Su investigación doctoral se orienta al análisis de las relaciones entre Chile y el Tercer Mundo, y la internacionalización política de la década de 1960. Esta conversación se enmarca dentro una serie de entrevistas a historiadoras e historiadores por motivo de la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado en Chile.
28 de septiembre de 2023
¿En qué estado se desarrolla la conmemoración de los 50 años del golpe en nuestro país?
En un estado enrarecido, a causa de una acumulación de experiencias políticas del tiempo presente que han fortalecido discursos negacionistas respecto del pasado reciente de Chile. Los debates levantados tanto por el estallido como por las derrotas de sectores políticos y sociales en los últimos procesos electorales han permeado las reflexiones y discursos articulados respecto al golpe de Estado en este hito conmemorativo. Es un momento muy prolífico para las reflexiones en torno a la relación presente-pasado.
En relación a las actividades de conmemoración de los 50 años del golpe, ¿Qué tan diferentes son estas reivindicaciones en comparación con las conmemoraciones del año 2003 y 2013? ¿Cuáles considera que son los principales conceptos y debates que perfilan este año de conmemoración?
Me parece que tanto el año 2003 como el 2013 las conmemoraciones han gravitado en torno a discursos políticos de “mirar hacia delante” en medio de demandas sociales por verdad, justicia, memoria y reparación. En el marco de dichas conmemoraciones, la historiografía levantó espacios de debate intelectual y social en torno a estas nociones.
Sin que estos conceptos se diluyan en la conmemoración actual, me parece que hay debates novedosos que instalan y añaden ángulos al debate. En ese sentido, me parece muy interesante e importante la pugna por instalar en el debate demandas de memoria, verdad y justicia con perspectiva de género.
En relación con esto, desde su punto de vista ¿Cuáles han sido los hitos o procesos del último tiempo que han potenciado la reactivación de sectores negacionistas?
No me parece que estemos hablando de una reactivación, sí de un fortalecimiento. Los reveses a los movimientos sociales y políticos asociados al estallido social en los procesos recientes han tenido como consecuencia el fortalecimiento de sectores políticos opositores que, desde tal posición, hoy se sienten cómodos e impunes al negar verdades históricas, desde el carácter del golpe de Estado a violaciones de derechos humanos cometidos durante la dictadura.
¿Qué le parece la labor del Estado chileno en torno a la memoria? ¿Qué políticas del Estado considera importantes en el último tiempo?
Es difícil hablar de una política del Estado chileno en torno a la memoria. Desde el retorno a la democracia y con sus respectivos matices, los distintos gobiernos hicieron del “mirar hacia adelante” una política de Estado, instalando la idea de una necesidad de dejar el pasado en el pasado. Con todo, está la importante labor que instituciones culturales realizan en torno a la memoria.
El Plan Nacional de Búsqueda anunciado es extremadamente importante y probablemente marcará un hito, toda vez que constituye un giro en términos de la relación entre Estado y memoria al hacerse cargo de demandas históricamente desplazadas, como es la verdad en torno a las desapariciones forzosas durante la dictadura. El “mirar hacia adelante” sigue muy presente, pero con un cambio posicional de algún grado respecto del pasado.
Desde su punto de vista, ¿Cuál es el papel que ha jugado el oficialismo en torno a esta coyuntura?
Creo que uno matizado, pues parte del oficialismo viene de la tradición que recién mencionaba respecto del pasado, sin embargo, también está el plan de búsqueda, los zapatos de Allende en Morandé 80, que el principal acto gubernamental de conmemoración sea abierto por una agrupación de familiares de detenidos desaparecidos… Me parece que desde el oficialismo hay ciertos gestos que reconocen demandas por memoria, verdad y justicia históricamente existentes en nuestra sociedad, pero no se puede pensar con una cohesión irrestricta.
En el último tiempo se ha discutido bastante sobre si el proceso de la Unidad Popular fue fracaso o derrota ¿Qué puede decir sobre ese debate?
Es una pregunta compleja. No me siento del todo cómoda con ninguna de las alternativas. No me parece adecuada la idea del fracaso de un proceso porque es un proyecto inacabado, no solo por el golpe militar, sino por constantes prácticas antidemocráticas que impiden una ponderación transparente de dicho proceso. Tampoco me gusta la noción de derrota, me parece que tendría cabida si habláramos de un proyecto que cae ante fuerzas políticas semejantes, y obviamente no es el caso. Me siento tranquila señalando a la Unidad Popular como un proceso trunco, inacabado.
En torno a nuestra disciplina ¿Qué rol cree cumple la historiografía en este momento?
Vivimos en una sociedad que demanda memoria, no solo en las grandes conmemoraciones, por lo que el rol de la historiografía en este marco no puede ser coyuntural. Sin embargo, en un contexto de negacionismo como el que estamos viviendo, la historiografía cumple el rol fundamental de exponer, en todas las dimensiones de la palabra. En el hito en el que nos encontramos, la historiografía está llamada a dialogar con las memorias construidas, en construcción y por construir.
Respecto las divisiones político-ideológicas en nuestro país ¿Cómo ve usted la relación de la historia con la opinión pública?
Me parece que la conmemoración que hemos vivido es la mejor prueba de que la sociedad se relaciona con el pasado y la historia en modos muy conscientes, al margen de que tengamos una opinión pública dividida en cuestiones de historia. Hay una constante apelación a la historia, y ese es el reiterado llamado a la historiografía a vincularse de manera más efectiva con la sociedad. La falta de consenso de la opinión pública respecto al pasado es natural en toda sociedad, pero dentro de ciertos términos. Ahí la disciplina tiene quehacer.
¿Cree que, a medio siglo del golpe de Estado, esta conmemoración va a marcar un precedente respecto de las que vendrán? ¿Cómo se imagina las conmemoraciones del futuro?
Es difícil hacer una proyección con mucha confianza, sin embargo, si se construye sobre los simbolismos que se ha buscado instalar, me parece que podría llegar a ser un precedente. Si lo imagino así, puedo pensar las conmemoraciones del futuro con avances y hechos concretos en materia de memoria, verdad, justicia y reparación.
Desde su punto de vista y de acuerdo a su línea investigativa ¿Cuál ha sido la relación político-militar entre Estados Unidos y los países latinoamericanos en las últimas décadas? Para el caso específico de Chile, ¿Cómo se ha visto desarrollada esta relación en los últimos 50 años?
El desarrollo histórico de América Latina no puede ser desmarcado de sus relaciones con Estados Unidos. En este sentido, la historia reciente de los países latinoamericanos tiene una lectura que debe ser hecha en clave internacional. No podemos sacar a Estados Unidos de la ecuación cuando hablamos de la invasión a Santo Domingo en 1965, el golpe militar de Brasil en 1964 y la colaboración en la formación militar y de inteligencia de múltiples fuerzas armadas.
Ahora bien, si mucho puede ser dicho respecto de este tipo de relación entre Estados Unidos y América Latina, también vale la pena mencionar que el Departamento de Estado de Estados Unidos ha liberado progresivamente documentos políticos y militares que permiten acceder no solo a la participación de Estados Unidos en el golpe militar, sino también sobre la actuación de civiles y militares chilenos durante la gesta del golpe y la dictadura. Esto no debe ser soslayado, pues constituye un punto de entrada a hechos a los que no podemos acceder a través de los archivos chilenos, y que no se podrá hasta tener una ley general de archivos que permita acceder a los documentos del Ministerio de Defensa y de Fuerzas de Orden y Seguridad Pública, que actualmente no se transfieren al Archivo Nacional.

