
Fernando Pairicán: “Han vuelto a emerger discursos críticos o generar nuevos estudios sobre la UP, por sectores de la derecha, que con un lenguaje más sofisticado, intenta volver a plantear la tesis que el Golpe de Estado y la violación a los DD.HH solo se comprende con los tres años de la Unidad Popular.”
Historiador y Doctor en Historia de la Universidad de Santiago de Chile. Posdoctorante del Centro de Estudios Interculturales Indígenas por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sus líneas de investigación tienen que ver principalmente con el movimiento mapuche desde una perspectiva de larga duración. Director de la colección Pensamiento mapuche contemporáneo de la Editorial Pehuén. Autor de los libros Malón (2014), La biografía de Matías Catrileo (2018), Wallmapu colonizado (2019), y Toqui (2020). Esta conversación se enmarca dentro una serie de entrevistas a historiadoras e historiadores por motivo de la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado en Chile.
20 de septiembre de 2023
En su opinión ¿en qué estado se desarrolló la conmemoración de los 50 años del golpe en nuestro país?
Un país que se encuentra en una ebullición no pública sino interna, en que las ideas políticas no se logran conectar con la perspectiva que está teniendo la sociedad producto de las transformaciones estructurales (el neoliberalismo corregido, reformas políticas insuficientes) y su impacto en las transformaciones en la subjetividad de la ciudadanía como resultado de estos cambios, o bien con la esperanza de recibir “los logros” de esos cambios.
En ese contexto se insertan los dos procesos constituyentes. El primero que propuso una Constitución reconociendo los nuevos derechos sociales que se discuten a nivel global en el marco de las democracias, recuperando algunas demandas regionales y de los pueblos originarios que tuvieron un rol importante en el diseño de una propuesta de país. Sin embargo, el mismo rol de los pueblos originarios, fue usado por la elite para criticar los avances de una sociedad que debe crear o transitar a un nuevo tipo de marco jurídico para incorporarse a los desafíos del siglo XXI. Este contexto es clave para comprender las dificultades del gobierno y los discursos críticos a 50 años.
Desde mi perspectiva, cuando levantas los vientos del racismo, luego viene la clase y finalmente la diversidad. Existe como en toda sociedad, un segmento de la población que no desea transformar la realidad, porque en estricto rigor viven bien, no se pregunta por el resto que tal vez no recibe dichos beneficios. En otro ámbito, esa ola producto de la victoria ha dificultado las propuestas del mismo gobierno y se denota en la nueva propuesta constitucional en que es un retroceso en distintos niveles. Este contexto solo permite analizar que no existirá una estabilidad sociopolítica a menos que exista una perspectiva de futuro.
En relación con las actividades de conmemoración de los 50 años del golpe, ¿Qué tan diferentes son estas reivindicaciones en comparación con las conmemoraciones del año 2003 y 2013? ¿Cuáles considera que son los principales conceptos y debates que perfilan este año de conmemoración?
No soy muy experto en esas temáticas. Pero si viví presencialmente la del año 2003, y creo que fue significativa en los avances de reconocimiento de los DDHH y reconocer la figura de Allende como un actor democrático. Diez años después, se avanzó en reconocer la prisión, la tortura y el exilio como dramas que padeció un sector de la sociedad respetándoles esa perspectiva. No obstante, en la presente, uno observa que antiguos discursos reaparecen y se intenta volver a instalar la discusión que para comprender el Golpe de Estado nuevamente se debe reflexionar sobre los errores de la Unidad Popular, aspectos que ya han sido discutidos por los gobiernos anteriores.
En el plano del debate de las ideas, son significativos los avances en la comprensión histórica entre 2003 a 2023. El aporte de la historiografía social sin duda ha contribuido a crear nuevos conocimientos, pero también la Historia política y un sin número de trabajos de periodistas. Existe hoy mayor posibilidad de comprender. Sin embargo, han vuelto a emerger discursos críticos o generar nuevos estudios sobre la UP, por sectores de la derecha, que con un lenguaje más sofisticado, intenta volver a plantear la tesis que el Golpe de Estado y la violación a los DD.HH solo se comprende con los tres años de la Unidad Popular.
En otra arista, como ha sido desde la postdictadura, ha sido la cultura y el arte de nuevo tipo donde se puede observar las críticas nuevas. No solo pienso en la película de Larraín que hubiese sido impensable en el año 2003 o 2013, sino también, en la dimensión musical y las nuevas biografías más refrescantes sobre personajes icónicos como la escrita por Amorós sobre Víctor Jara.
Desde su punto de vista ¿Cuáles han sido los hitos o procesos del último tiempo que han potenciado la reactivación de sectores negacionistas?
Una perspectiva internacional de crisis de los relatos democráticos, la influencia de la pandemia que empobreció al segmento medio y bajo producto de las enfermedades asociadas al postcovid, la crisis económica que ha elevado los precios de arriendo, transporte público y otros temas que afectan al segmento popular y medio. Esas condiciones materiales, son usadas por los sectores más conservadores que instan a debilitar los marcos democráticos con discursos anti migrantes que fortalecen el nacionalismo negativo en la sociedad. En ese contexto, parecen importante los nuevos tipos de crímenes que en la sociedad chilena no eran tan recurrentes. Eso es usado por los sectores conservadores para instalar un discurso negacionistas, sin reconocer que la ausencia de transformaciones políticas, no permiten generar los ajustes económicos para lograr un impacto social.
¿Qué le parece la labor del Estado chileno en torno a la memoria? ¿Qué políticas del Estado considera importantes en el último tiempo?
Es una fecha sensible para las izquierdas y el centro democrático. Siento que el discurso de la senadora Isabel Allende sintetiza el momento político que se vive y hace una reflexión sobre los cincuenta años. Me parece bien, aunque presiento que no logrará ser reconocido como un éxito esta fecha por parte del gobierno. Las dificultades en la creación de un programa, presidentes o autoridades que no asistieron y finalmente un programa algo tenue. Creo que el del año 2003 fue más significativo en lo que se refiere a la memoria. ¿Qué sería lo distinto? La abertura en el continente respecto a tomar distancia de los gobiernos de izquierda más autoritarios como Venezuela o Nicaragua. Sutilmente también con Cuba, que de alguna manera logra ser defendido por su contribución al retorno de la democracia. Como dijo Allende en su discurso: “eterno agradecimiento a Cuba”.
Desde su punto de vista, ¿Cuál es el papel que ha jugado el oficialismo en torno a esta coyuntura?
El oficialismo cumple con lo que puede realizar en gobernar y dar una proyección de la nueva izquierda en un contexto de crisis global. No es fácil creo yo llevar un buque en medio de una tormenta que tiene distintos vientos soplando a la vez. ¿Cuál será el papel? Tal vez, atreverse a hablar de seguridad pública y de crimen, temas que habitualmente la izquierda no hablaba o no tenía una agenda sobre ello.
Ahora, y en relación con sus líneas de investigación, ¿Qué nos puede decir acerca la lucha del pueblo Mapuche en los últimos 50 años? ¿Qué tan distantes han sido los procesos de transición a la democracia y la estabilización democrática en Chile de los procesos que, simultáneamente, se han desarrollado en la zona sur del país?
El pueblo mapuche padeció una violencia del Estado en una dimensión racial. Como ha probado Martín Correa en sus libros “El Despojo” y “La Revancha”, los mismos arquitectos de la Ocupación de La Araucanía y los colonos allegados al territorio mapuche, participaron en la contrarreforma agraria. Muchos de ellos continúan viviendo en esas tierras, han sido parte de fortalecer las políticas de criminalización al movimiento mapuche. Eso se une a los otros estudios realizado por ese autor, lo que ya es posible de plantear como la “obra” y la contribución de este autor a fundamentar las relaciones de agricultores, empresas y pueblo mapuche a través del uso de las fuentes para probarlo.
En ese contexto, con la historiadora Marie Juliette Urrutia en un par de textos que hemos trabajado planteamos también desde una larga duración como se han ido renovando las luchas mapuche en esos mismos territorios. A momentos son los hijos e hijas de dirigencias de la Reforma Agraria y algunos de ellos también fueron familiares de quienes resistieron a la Ocupación. Por ende, usando las categorías de Silvia Rivera Cusicanqui o Bonfil Batalla, intentamos dar una dimensión de la resistencia. Otros investigadores, como Pedro Canales, han venido trabajando y probando el impacto que tuvo el Decreto de Ley del 79, también como algunas comunidades ante este momento determinante de usurpación de tierras, optan por inscribirlas dejando a familias o, como dice Urrutia, “herederas ausentes” en relación con las mujeres mapuche que salen a la ciudad a trabajar para sobrevivir y enviar ayuda a sus familias. La historia menos gloriosa de la Dictadura es que ha empobrecido a la sociedad mapuche, la que recién, en parte, se ha venido recuperando por las políticas de afirmación y en estricto rigor por la capacidad de voluntad del movimiento mapuche.
En la misma línea, ¿Qué significación tiene para el pueblo Mapuche la conmemoración de los 50 años del golpe? ¿Podría arriesgarse a comentarnos si se sienten interpelados por esta coyuntura?
Como todo ciudadano crítico me interpela la fecha. Como es habitual, participé en la conmemoración en el Estadio Nacional, a la cual voy acompañando a mi familia, nosotros nacimos a una cuadra de ese lugar. Mucho antes de que se convirtiera en el evento que hoy es, en los 90 se reunían los vecinos, encendidas velas y conversaban sobre lo sucedido. Luego fue creciendo hasta transformarse en un importante acto. Me siento interpelado, respeto la fecha, también veo a vecinos y vecians que han ido envejeciendo en el barrio y jamás se les ha dado una respuesta sobre lo sucedido. Tal vez esto me dejo estos 50 años, el envejecimiento de una generación.
En torno a nuestra disciplina ¿Qué rol cree que está cumpliendo la historiografía en este momento?
La Historiografía ha contribuido a este fecha, con nuevos estudios, reflexiones y análisis. Es sin duda el ala más productiva de las ciencias sociales, con nuevos métodos y enfoques para contribuir a la disciplina.
¿Considera que, a medio siglo del golpe de Estado, esta conmemoración marcará un precedente respecto de las que vendrán? ¿Cómo se imagina las conmemoraciones del futuro?
Creo que el precedente será que ha llegado a un momento –penosamente– de desgaste, en la medida que intentó ser posicionada como la fecha clave del gobierno. Al intentar transformarse en un relato oficial, no logró atraer a la sociedad, que no los siento que sean indiferentes, sino que puede ser la demostración de la crisis que vive Chile luego del estallido social, una suerte de malestar con la elite política independiente de su tendencia. En ese contexto, personas por fuera de lo establecido, como Republicanos, logran mayor protagonismo, pero como da cuenta la Convención nueva, ellos mismos ya viven la complejidad del malestar, también comienza a perder apoyo en la medida que ingresan al sistema y no puede constituirse desde afuera. En estricto rigor, siento que cualquier persona o movimiento político que llega a esferas de poder es debilitado por que la sociedad se encuentra en una contradicción. Tal vez, habría que volver a examinar lo social, eso que Rudé llamó “la multitud en la Historia”.

