
François – Xavier Drouet: “Siempre debían existir esas idas y vueltas entre los teólogos de la liberación al nivel intelectual y los militantes anónimos que lucharon desde la fe y el colectivo. De tal manera de no contar una historia desde arriba, sino más bien desde abajo (…) Esa intensidad, ese fervor. Pero siempre del pueblo y del colectivo como personaje de cine”.
Documental El Evangelio de la Revolución (2025): entrevista con su director, François – Xavier Drouet
Por Alonso Martínez Cruz
5 de mayo de 2026
Damos comienzo a la entrevista del día de hoy. Estamos con François – Xavier Drouet, director de El Evangelio de la Revolución (2025).Se plantea como el primer documental histórico sobre la Teología de la Liberación (TDL) en América Latina. ¿Cómo estás, François? ¿Todo bien?
Pues aquí en Francia. Con 6 horas más de cambio de horario.
Qué bueno que estés presente con nosotros como Sociedad y Estudios Diferenciados. Es un gusto contar con tus palabras. Primero que nada, me gustaría que nos comentaras un poco sobre quién eres, a qué te dedicas y en qué estás en esta etapa de tu vida.
Yo hago películas documentales. Pero también me gusta explicar que me inscribo más en una forma de trabajo más cinematográfica que periodística. Y este largometraje, que estoy presentando desde el año pasado, es mi primer documental histórico en el que uso archivos. Yo he hecho como 8 películas antes, pero es la primera vez que uso voz en off. Una forma muy distinta de lo que he hecho anteriormente.
Yo vengo de las ciencias sociales. Estudié ciencias políticas y antropología. Estaba iniciando una tesis de doctorado en Perú, trabajando en antropología. Pero en vez de volver con un proyecto de tesis, he vuelto con un proyecto de película documental. Así nació el deseo de hacer películas. Nació allá en América Latina. Estaba yo muy joven. Nunca había hecho películas allá. Estuve viajando mucho por América Latina. En México, Perú, Brasil. También animando programas de radio sobre música de América Latina.
Pero este tema de la TDL, que es el tema central de El Evangelio de la Revolución, es algo que nunca me había llamado la atención. Yo era una de esas personas un poco anticlericales, quizás porque tuve una educación religiosa que no me gustó tanto. Yo no había visto la importancia de la TDL en la historia política de América Latina. Y cuando me puse a investigar sobre sobre ese movimiento, me interesó muchísimo. Cambié totalmente mi mirada sobre la fe, sobre este compromiso religioso del Evangelio. Nació un deseo de hacer algo sobre este tema y, a medida que estaba investigando, me di cuenta de que había realmente una urgencia de contar esta historia.
Patricio Guzmán, cineasta chileno, hizo dos películas sobre este tema. La primera fue En nombre de Dios (1987). La segunda fue La Cruz del Sur (1991). Pero todavía no se había hecho un trabajo de retrospectiva. Desde el presente. Una mirada retrospectiva sobre todo este periodo de los años de la guerra fría. Y contar la historia revolucionaria, a nivel de todo el continente y de toda la región, a través de ese movimiento de la TDL.
François. Muy interesante lo que me comentas. Dentro de mis guías para la entrevista, tenía precisamente pensado abordar cuál era tu relación con la TDL y el por qué de la aproximación documental a tal fenómeno teológico y político.
He visto otro tipo de materiales sobre la TDL. Sin embargo, a la hora de plantear El Evangelio de la Revolución como el primer documental histórico, me parece que se acierta en términos categoriales, al menos desde los documentales preexistentes y que han sido trabajados de otra manera. Creo que el sello está bien planteado como reconstrucción histórica.
A raíz de lo comentado: ¿Qué piensas sobre el formato documental como manera de aproximarse a la reconstrucción histórica o del por qué contar la historia en formato documental? ¿Cuáles fueron algunas de tus facilidades, desafíos y sorpresas?
Hay dos formas de trabajar la historia en términos documentales. Están los documentales históricos clásicos. Aquellos que se ven por la televisión, de estilo periodístico, vistos como un curso de historia y con una mirada desde muy arriba: “así fue”. Una forma muy tradicional que procede mediante la relación entre los archivos y las entrevistas realizadas. No hay mucho compromiso de los autores.
Otra forma de trabajar es una más cinematográfica. Se trabaja la historia, pero desde el presente. Es lo que intenté hacer. Mi película no es una página de Wikipedia. No vas a saber todo sobre la TDL. Tiene muchísimas faltas. Faltan muchísimas figuras y países. Es un relato subjetivo a través de la historia, del espacio y siempre en ida y vuelta entre el pasado y el presente. Interrogo la historia de la TDL desde nuestra situación. Desde el retorno del fascismo, la impotencia e importancia de la izquierda y desde los movimientos sociales.
Es interrogar esa experiencia mediante qué podemos rescatar de esta memoria. En qué nos puede ayudar en los desafíos que tenemos que enfrentar ahora. Es un cliché casi decirlo: no se puede entender el presente sin la historia. Pero hay que interrogarla desde el presente. Es lo que estoy intentando hacer en esta película. Marcando mi posición, desde dónde estoy hablando. Eso está muy claro. Menciono que soy ateo y europeo. Es una historia que no es la mía. Pero considero que es universal. Es la historia de las luchas de los pueblos de Latinoamérica. Han inspirado muchísimo al mundo entero políticamente.
También es una historia de ida y vueltas. Los exiliados de las dictaduras. Los exiliados de Chile. Los hemos acogido aquí en Europa, en Francia. Tengo muchos amigos que tienen esa historia. Tengo amigos chilenos exiliados y muy queridos que nos han transmitido esa memoria y que nos han construido también. Entonces, ahora es también parte de nuestra experiencia. Y es así como también se construyó mi mirada.
Entiendo a la perfección lo que me comentas en torno a los desafíos y sorpresas. Te quiero realizar una pregunta que se escapa un poco del programa. Partiendo de la idea de que vienes de las ciencias sociales, asumo que detrás del documental, además de todo lo relacionado con el aspecto cinematográfico, hay un equipo de trabajo afín con las ciencias sociales y la historia. ¿O me equivoco?
No tanto. Trabajé un poco con una investigadora el tema de los archivos. También estuve conversando con historiadores y sociólogos especialistas del tema. Hasta le hice una entrevista a Michael Löwy, sociólogo franco – brasileño, marxista y judío, que ha escrito el libro de referencia sobre la TDL.
Guerra de Dioses (1999) de Löwy.
Así es. Y otras y otros, como consultas o conversaciones que me han ayudado a construir mi punto de vista, desde dónde estoy mirando esa realidad y entender un poco de las contradicciones de la época.
Pero yo no quería que, al igual que en una película clásica, intervinieran historiadores especialistas. Yo quería que la historia fuese contada por los mismos y las mismas protagonistas. Que la historia fuese contada a partir de sus experiencias concretas.
Me parece notable el roce con Löwy. Ha sido una tónica en su obra plantear estas confluencias o convergencias doctrinales entre cristianos y marxistas y que obtuvieron un cauce de expresión muy notable con la TDL. Esta pregunta fue realizada principalmente para abordar la cuestión del archivo ¿Cuál fue tu experiencia con él? En el documental hay material de altísima calidad. Es verdaderamente nítido. Por supuesto que hay metrajes que se conocen, tal y como el reto de Juan Pablo II al teólogo de la liberación Ernesto Cardenal, que es un registro clásico. Pero hay otros que no tenía noción de que existían. Hay unos filmes sobre El Salvador, por ejemplo, muy notables. Me gustaría que conversaras un poco sobre cómo fue tu acceso a ese tipo de material.
¡Jajajaja! ¡Ok! Siempre que me preguntan sobre los archivos, la primera cosa que digo es que el problema no es dónde encontrarlos, sino pagarlos. Son carísimos. Tienes que pagar derechos. Sobre todo los archivos de la televisión. O la televisión francesa o la estadounidense. Se cobra una suma de entre 3 y hasta 5 o 6000 euros por un minuto. Estamos hablando de esa altura. En el caso de este trabajo, conseguimos financiamiento en Francia y Bélgica. Pero no está apoyado por ninguna televisión. No es tampoco artesanal, pero teníamos recursos muy limitados.
Así que tomamos la decisión de usar películas de cineastas de América Latina, de Estados Unidos y de Europa que filmaron las luchas de los pueblos en estos años. Así fue la negociación con estos cineastas. O vivos todavía o con sus hijos. La mayoría del material viene de esas películas. También tiene algunas imágenes de televisión y de periodistas. Hablamos de una época en la que la intelectualidad de la Iglesia Católica estaba mucho más presente en los medios de comunicación y en la que el Vaticano era un actor geopolítico mucho más importante de lo que es ahora.
Con respecto a los archivos de Europa. Creo que esa lucha entre la Iglesia de base y la jerarquía del Vaticano les daba mucha risa a los periodistas. Cuando venían a contar esos conflictos, surgían muchos reportajes.
Parte de las imágenes que mencionas de El Salvador, viene de una institución que se llama el Museo de la Palabra y la Imagen, fundada después del conflicto armado. Fue creada por el mismo fundador de la Radio Venceremos, Carlos “Santiago” Henríquez Consalvi. Él ha recogido todo. Memoria oral, archivos cinematográficos. Me dieron las imágenes de regalo. Concretamente, son imágenes de propaganda del Frente Farabundo Martí, muy poderosas.
También hay imágenes de propaganda de la Revolución Sandinista. Las imágenes que mencionas del Papa, vienen de la película más importante sobre la Revolución. Fue hecha por el australiano David Bradbury y se llama Nicaragua: no pasarán (1984). Son imágenes fantásticas. Uso cinco minutos de esas imágenes. El cineasta me las regaló porque pensaba que era importante. Es un señor que tiene premios por todo el mundo. Pude contar así con la solidaridad de los otros cineastas. También hay unas imágenes de Patricio Guzmán, quien me las hizo llegar.
Al menos dentro del programa de Sociedad y Estudios Diferenciados, el acceso a los archivos es un tema muy relevante. Como historiadores, vivimos algunas de las penurias de lo costoso que resulta acceder a ciertos archivos, no porque haya que comprarlos —como en el caso que mencionas—, sino por la necesidad de financiar viajes, lo que termina siendo un verdadero problema.
Aunque en Nicaragua los archivos se están malogrando. Realmente no hay una política definida de conservación de sus archivos. Sobre todo con la realidad de este régimen. No hay difusión de esos archivos. También es tema en México. No se puede tener acceso a los archivos de Televisa o de TV Azteca. O es decir, hay muchos archivos que no están accesibles. Es un problema. Además de viajar, a veces ni siquiera puedes tener acceso.
Te comento una apreciación muy personal sobre el documental y que me pareció muy interesante. Normalmente, cuando hablamos de TDL en un sentido más bien común —no en un sentido peyorativo, sino desde lo que suele entenderse—, tendemos a referirnos casi exclusivamente a los teólogos de la liberación. El documental incluye muy buenos registros de figuras como Leonardo Boff y Frei Betto. Sin embargo, un rasgo que me parece no accidental es que el protagonista de El Evangelio de la Revolución no son solo los teólogos, sino también el pueblo latinoamericano. No sé qué podrías decirme sobre esta dicotomía entre el teólogo como intelectual orgánico y el protagonismo que el documental otorga a los sectores populares y al pueblo como sujeto colectivo.
Fue una intención al escribir el guion de la película. A lo largo de la realización y hasta el final de la edición. Siempre debían existir esas idas y vueltas entre los teólogos de la liberación al nivel intelectual y los militantes anónimos que lucharon desde la fe y el colectivo. De tal manera de no contar una historia desde arriba, sino más bien desde abajo. Eso se construye paso a paso. Cuando estaba viajando por América Latina, solamente para investigar, con un cuaderno, sin cámara. Así estaba buscando a mis personajes, figuras, que pudieran darle carne a esta realidad. En los archivos y las imágenes que escogimos se debía sentir ese viento revolucionario que había. Ese sentido colectivo, que quizás se ha perdido un poco. Aquella cuestión de escala, que hoy es totalmente otra. Esa intensidad, ese fervor. Pero siempre del pueblo y del colectivo como personaje de cine. Eso fue un hilo en el trabajo.
Claro. Esto lo comento porque es una constante, dentro de los propios intelectuales de la TDL, sostener que esta surge como un hecho posterior a la movilización popular. Me parece que en el documental se capta muy bien este fenómeno. De la misma forma que los teólogos y teólogas de la liberación captaron ese acto profético del Pueblo de Dios.
Sí. Ellos y ellas llegan un poco tarde a la película. Se menciona a la TDL recién a los 25 minutos de la película. Y así es el primer personaje. Ese sacerdote belga. Persona muy sencilla, muy emblemática que fue confrontado a dilemas: “¡o me quedo con el pueblo o me voy!”. Muchas personas me lo habían contado así. Ese momento en el cual “como cristiano ¿qué es lo que tengo que hacer?”. En palabras muy sencillas, lo cuenta. Es muy representativo de ese tipo de compromiso.
Para volver un poco a Löwy y a otros autores. Michäel aborda este tema en Guerra de dioses (1999), pero también en un pequeño artículo llamado El cristianismo de la liberación y la izquierda en Brasil (2009). Quisiera preguntarte por el orden, tanto argumentativo como histórico, de tu documental ¿Por qué comenzar con El Salvador y no con Brasil, como es habitual en estos autores? Pensando en que el cristianismo de la liberación, como movimiento, comienza en Brasil según el registro. Al menos en el de Löwy.
Bueno, creo que comienza por muchos lados al mismo tiempo. Pero bueno, yo no soy historiador. La razón por la que empezamos con El Salvador obedeció más a una construcción narrativa. Y también a que cada país en la película carga con una pregunta. O varias. Pero cada personaje carga con una pregunta. En El Salvador iniciamos muy rápido con ese tema de la lucha armada porque fue clave en la discusión en los años sesenta y setenta, de si los cristianos tenían derecho a defenderse ¿No? A usar la violencia en esos contextos de injusticia.
Hubiéramos podido escoger Colombia, país en donde varios sacerdotes se involucraron en la guerrilla. Aunque fue muy marginal hacia el final. No hubo tantos miembros del clero que entraron en la lucha armada. Pero escogimos a El Salvador. Yo nunca había ido a El Salvador antes de esta investigación y sentía esa necesidad muy importante del pueblo y de transmitir un testimonio de esos años, de ese compromiso. También tenía mucha facilidad de acceso a esos archivos. Fue un encuentro personal con ellos.
También El Salvador, porque fue uno de los países en donde la represión fue más dura y en donde hubo más cristianos asesinados. Monseñor Romero y otros pastores, que fue tremendo. También Guatemala, Argentina y Chile. Por esas razones, iniciar con El Salvador nos permitía tratar un poco también el contexto de Latinoamérica en general. Porque la película la hice también para el público europeo que ya no sabe tanto de la historia de Latinoamérica. También para las generaciones nuevas de América Latina, pues la cuestión de la memoria siempre se debe nutrir. Me di cuenta de que, de un país a otro de Latinoamérica, se pierde un poco la conciencia de pertenecer a una historia común. Intenté construir la película así. Me estoy perdiendo un poco. Pero eso era la cuestión de El Salvador.
De todos modos, creo que ambos coincidimos en que la TDL es un fenómeno transnacional. En ese sentido, podría haberse abordado desde distintos puntos de partida.
Quisiera plantear una pregunta que surge a propósito de una discusión ocurrida en el estreno en Chile en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, el 14 de abril de 2026. Como bien sabes, el conversatorio posterior estuvo a cargo del historiador Samuel Laurent Xu. Fue una pregunta que generó cierto revuelo entre algunos asistentes que provenían del mundo protestante. Y es un análisis que yo también hice. La pregunta apunta a qué ocurre con el mundo protestante de la TDL, más allá de las Iglesias evangélicas neopentecostales que incluyes en el documental, quizás de un modo pseudo caricaturesco.
Bien es sabido que el mundo protestante ocupó un gran puesto en la TDL. Estoy pensando en personajes como Rubem Alves, pero sobre todo en Hugo Assmann, quien fue uno de los teólogos más revolucionarios en América Latina.
Yo considero que es una de las faltas importantes de la película. Así como faltan países, como falta Chile. Se trata de una cuestión de encuentros. La película la construí con encuentros. Y ese encuentro con los protestantes, si bien estuve investigando un poco, se realizó con recursos limitados. Si hubiera tenido 12 años más, quizás me hubiera encontrado con una figura protestante. Con él, con ella. Pero es una lástima. No sucedió. Yo fui a Brasil para presentar la película en noviembre y en cada sesión preguntaban: “¿Y dónde están los protestantes?”. Pues, mil disculpas.
También falta la participación del pueblo negro. Pero eso es otro motivo. Yo había construido una secuencia con un sacerdote negro en las favelas de Rio de Janeiro, lugar en donde se milita mucho contra la violencia de la policía. Pero el día de la grabación, hubo un operativo en las favelas. Había narcotraficantes por todos lados, en armas. Casi no podíamos hacer nada. Es un contexto de trabajo frágil con recursos limitados.
Yo quería que hubiera más mujeres. Pero sucedieron cosas. Una teóloga importante de Brasil, llamada Ivone Gebara. La conocí y realmente nos caímos muy bien. Pero el día de la grabación, ella salía del hospital. Estaba enferma, no podía participar. De igual forma, la secuencia del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra en Brasil, la quería construir con mujeres porque estaba preparado con solo puras mujeres. Pero el día de la grabación había una epidemia de COVID en la comunidad y estaban enfermas.
En Chile quería construir una secuencia con Mariano Puga. Él murió el día que llegué a Chile para investigar. Fue en marzo del 2020, justo antes de la pandemia. Habíamos hecho el contacto meses antes. También con un teólogo importante chileno llamado Pablo Richard. Yo debía viajar a Costa Rica para trabajar una secuencia con él, porque era de los Cristianos por el Socialismo. Murió unos meses antes de la filmación. También conocí a Ernesto Cardenal en 2018. Ya estaba bastante enfermo. Y así. La película hubiera sido mejor que la que ya salió. Pero bueno, así es.
La pulsión de muerte es algo que acecha constantemente estos trabajos, sobre todo cuando uno trabaja con personas a las que estima o admira profundamente, como ocurre en el caso de los teólogos de la liberación. Recuerdo esa tarde del velorio y el cortejo de Mariano Puga. Estuvo repleto.
En Población La Victoria fue así.
Entonces, damos por finalizada la entrevista.
Ha sido un honor contar con tus palabras y es un gusto que un documental como El Evangelio de la Revolución se haya estrenado en Chile, sobre todo en un momento en que pareciera que el cristianismo de la liberación está volviendo, casi como un fantasma. Hemos percibido que algo está ocurriendo con la religiosidad en el Chile contemporáneo.
Por supuesto, será el tiempo el que permita dilucidar si esto es así o no. Pero, en el presente, algo parece estar en movimiento. En ese sentido, El Evangelio de la Revolución ha sido un gran aporte, especialmente considerando que aún quedan fechas por estrenarse en Chile.
Además, desde que estrenamos, yo recibí unas 30 solicitudes más para exhibir la película. Más teatros, vecindarios, capillas, lugares comunitarios.
Excelente, muy bien. Desde la revista Sociedad y Estudios Diferenciados estaremos difundiendo las próximas fechas, además de las ya programadas. Algo está pasando, ¿no es así?
Ha sido un gusto, François, contar contigo.
Debo agregar que no cobramos derechos para la difusión de la película. Bueno, con las grandes instituciones culturales sí. A pesar de eso, la dejamos gratuitamente para quienes la quieran exhibir. Yo la dejo para ustedes. Yo no estoy en Chile. Yo la dejo para ustedes. Es parte de su historia, les pertenece. Deben agarrarla para que viva. Ya no es mía.
Muchas gracias, François, por tus palabras y por traernos esta película, que creo es un gran aporte y lo seguirá siendo para el futuro del cristianismo de la liberación en Chile y en el resto de América Latina. Muchísimas gracias.
A ti.
